Fe en los hechos

Por: Jack Kinsella
10 de febrero de 2009

(Originalmente escrito en inglés. Traducido al español por Carolina Yazigi Waissbluth)

A menudo, la primera objeción planteada por el escéptico cuando se le presenta al Dios de la Biblia es el argumento de que Dios no es justo. Yo no puedo refutar ese argumento. Dios no es justo, lo cual es bueno para el resto de la humanidad.

Pero eso no es algo que la mente carnal pueda entender porque está separada del espíritu. (1 Corintios 2:14) Entonces, para ellos, Dios no es justo porque un Dios amoroso no enviaría a la gente al infierno.
Un Dios petulante, enojado e injusto no puede ser simultáneamente el Dios amoroso del cristianismo, de modo que Dios no puede existir.

Si Dios realmente amara tanto al mundo como para haber enviado a su Hijo a morir por él, ¿por qué creó el pecado en primer lugar? Dios es el Creador de todo, ¿o no es Él? Así que Él creó el infierno, ¿verdad? Entonces eso significa que Él creó el pecado, ¿no es así?

Para la mente carnal, estas preguntas tienen perfecto sentido, ya que confirman la propia caricatura de Dios del escéptico.

"Porque la mente carnal es hostil hacia Dios: porque no está sujeta a su ley, ni tampoco puede estarlo" Romanos 8:7

El desafío al que se enfrenta el escéptico es que su juicio de Dios se presenta de acuerdo con su propia comprensión limitada. Algo así como una pulga que emite la solemne evaluación de que, como no puede verlo, "no hay ningún perro".

Claramente, la pulga es un poco tonta, ya que hay evidencia del perro en todas partes a su alrededor. El pelaje espeso que la abriga proviene del perro. La comida que come proviene del perro. Sin el perro, seguramente moriría.

El perro está en todas partes en su universo, pero nuestra pulga solo puede ver su pequeña parte. Y desde su perspectiva limitada, no hay perro. Pero si el perro existe o no, no depende de la opinión de la pulga, pero así lo cree ella.

Los juicios de los escépticos sobre Dios están enraizados en una letanía de supuestos igualmente falsos. La primera suposición falsa acerca de Dios es que, debido a que Dios nos ama tanto, debe dejarnos hacer lo que queremos. Eso es nada menos que ignorancia deliberada e intencional.

Cuando a los niños se les educa con el mismo tipo de amor permisivo que insisten caracterizaría a un "Dios amoroso", no terminan siendo hijos amorosos, sino que mocosos mal criados.

Las leyes morales de Dios tienen un propósito y son tan necesarias para el desarrollo de la civilización humana como lo son las leyes de la física para el desarrollo de la comprensión científica. Pero el propósito principal de las leyes morales de Dios es enseñarnos lo que Dios requiere para que entremos en su reino.

Es nuestro fracaso obvio cumplir estas leyes morales que conduce a que los humanos busquen la redención y la salvación en primer lugar. No podemos evitarlo. Incluso un ateo, si es honesto, admitirá que en algún momento de su vida, hizo o dijo algo que después lamentó. Los humanos están diseñados así.

La segunda suposición falsa es que estamos calificados para juzgar lo que es "justo".

Eso da lugar a la pregunta; "Entonces, ¿por qué Dios no convierte a todos en seres perfectos y los permite a todos en el cielo?" Pero eso sería totalmente injusto para todos los involucrados. Sería realmente cruel si Dios hiciera esto, ya que eso los obligaría a aceptar lo que rechazaron sus elecciones de libre albedrío.

Las personas que terminen yendo al infierno lo habrán hecho porque creen que preferirían el infierno a ser forzados a la presencia de Dios por toda la eternidad. Es su elección, y muchos lo hacen con los ojos bien abiertos.

A las personas les gusta vivir en sus pecados favoritos y no ser responsables ante nadie por sus elecciones.

Temen que si aceptan a Jesús como Señor y Salvador, Dios querrá que cambien sus vidas y que tengan que renunciar a parte de su autonomía.

Todos hemos sido testigos alguna vez de alguien que dijo algo como: "Tengo un asiento de ventanilla reservado en el infierno" o "No me importa ir al infierno. Todos mis amigos estarán allí".

Dios no los está ENVIANDO al infierno. En vez, está honrando la propia elección deliberada de ellos. Si bien Dios otorgó una manera para que el hombre evite el infierno, también le dio al hombre libre albedrío para elegir.

Ser obligado a adorar a Dios no es "adorar", es esclavitud.

Como Dios creó a los seres espirituales con el propósito de expresar amor, esos seres deben tener total libre albedrío para expresar ese amor. Pero el libre albedrío permite la posibilidad de rechazar la misericordia de Dios y, en cambio, exigir (y recibir) el juicio de un Dios de "justicia".

Ellos protestan: "No es justo que solo algunas personas puedan ir al cielo, mientras que el resto irá al infierno".

En un sentido limitado, tienen razón. Si Dios fuera justo, TODOS irían al infierno. Nadie puede vivir una vida sin pecado, incluso después de que son salvados y sus pecados son limpiados. La lucha con el pecado continúa hasta que uno inhale por última vez.

Por lo tanto, Dios ha dispuesto borrar todos los pecados que hemos cometido en esta vida y perfeccionarnos con la experiencia para que no nos veamos tentados a pecar en la próxima vida. Ese pago indirecto por el pecado es a través del sacrificio del Hijo de Dios, Jesucristo.

Jesús vivió la vida sin pecado que Dios espera de mí, luego pagó la pena que mis pecados exigían en mi nombre. Eso es misericordia, no justicia. La imparcialidad exige un castigo igual para los creyentes y los incrédulos por igual.

Al aceptar a Jesús como Señor y Salvador, todos nuestros pecados se borran, y Jesús comienza la tarea de cambiarnos para adaptarnos a su imagen.

Obviamente, la 'imparcialidad' exige que todo el que haya pecado y no ha llegado a la gloria de Dios sea juzgado por sus obras. En vez de justicia, Dios extiende misericordia, pero solo a aquellos que la piden. Ahí es donde Dios es 'justo'.

Es el ateo y el escéptico quienes experimentarán su propia definición de ‘equidad’ cuando se presenten ante Él.

El escéptico y el ateo se burlan de la naturaleza de la salvación, diciendo que cualquier cosa que sea 'gratuita' vale lo que pagas por ella. Si bien la salvación es un don de gracia y no de obras, uno no puede decir exactamente que la salvación es gratuita.

Hay un costo.
Te costará tu pecado. Te costará tu orgullo. Te costará tu sentido del yo, o tu egoísmo. Ninguno de estos rasgos de carácter existe en el cielo.

Pero el escéptico o ateo que prefiere aferrarse a estos rasgos puede elegir ir a donde estos rasgos continuarán existiendo. Cada humano fue creado a imagen de Dios, con un componente eterno, espiritual.

Todos pasaremos la eternidad en alguna parte. Si no es el cielo, solo queda una opción. Esa es el infierno.

¿Un Dios amoroso envía a la gente al infierno? No.

Lo que hace un Dios amoroso es permitirnos a todos elegir por nuestra cuenta y luego honrar nuestra elección. La gente elige el infierno. El ateo o escéptico puede optar por presentarse ante un Dios justo o misericordioso.

En cualquier caso, no pueden culpar a Dios por las consecuencias de las elecciones que toman ahora. Eso no sería justo.

Este artículo se utilizó con el permiso de Omega Letter.

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